al final de esta historia se oyen murmullos
sombras aplastadas en el barro del olvido
esperan la noche del eclipse para arrancarse
la ropa pestilente que soportan
bajo un diluvio de siglos de rejas de agua
a través de un velo húmedo respiro letras
fluir excitante de vocales y consonantes
remonto los años o barriletes de una era imaginaria
guardo la mirada en un retazo del cielo y veo duendes,
caras infinitas y gatos al acecho
el aire se bifurca, soy una moneda con la seca mojada
¿me queda algo de carne y hueso?
conejos en las islas Canarias del siglo XIV
ironías de un pasado perpetuo
bodegas colmadas de carne humana
enfrentadas al espejo de la historia
escorbuto y somníferos enlatados
me arrodillo y me amputo las manos
peces derramados navegan alfombras de musgo
placeres de vidrio
una gota que no cae la luna pasea en camisón
cortejada por una tropa de caballeros malditos
nauseas hermosas
nada de lo que digo se escucha afuera
palabras de hielo en el horno de la indiferencia
soy un monje con la túnica infectada
el letargo mece la cuna de espinas que lacera al niño dormido
y el cobarde sentado en su sillón mira el atardecer
insectos en el crepúsculo
se aferra al mástil de impunidad que lo separa
de la tumba muda, invisible, que espera hambrienta
creo estar en la bisagra del mundo, lo comprendo,
pero como no se explicarme sin palabras paganas, querría callar...
federico iglesias