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peaje



doce mil bocinazos hormiguean los oídos
trepan la cuesta de los hombros
espalda jornada laboral
pasan y pesan una tras otra
ventanillas de caras de gestos
multiplicados por
cada uno
frenan
ante la barrera de papel moneda
pagan
bajo la mirada del vuelto
arrancan por la espalda
insalubre de jornadas




abril 2005
federico iglesias





visitas



ahí están, vienen conmigo
con sus vestidos de humo y su calorcito en la frente

mezcla de una cosquilla en el estómago
y una herradura a modo de umbral
que se levanta frontera de dos tierras parecidas
voy y vuelvo de una a otra

mezcla de ayeres actualizados en un gesto
y una mirada entretenida en vaya uno saber qué
por eso me desarmo, me quito las armas y
las dejo sobre la mesita de luz

no hay estridencias que lo festejen
riesgos para qué entonces
no me queda otra que aceptar
este silencio que se produjo

así lo imponen los fantasmas
con sus vestidos recogidos a la altura de la rodilla
de vez en cuando voltean la cabeza
y yo los saludo desde acá.
 



Junio 2004
federico iglesias



Sed


"Oh! Cuántos soles 
y oscuridad de silencios" 
E. Mateo


no es que llegó un día y no avisó
un día te das cuenta que está ahí
dando vueltas como un espiral
de locura y encanto

la señora buscada en los encierros
llegó de a poco por donde se iban
los intentos de un andar atado
a la ocasión y su fortuna: un hechizo

puso un pie, después otro
y se acomodó en los rincones vacíos
con sus bártulos a cuestas
en silencio afuera y dentro

la señora encumbrada de espanto
caminó bajo la sombra de la siesta
y esperó, soportó una primavera
de sueños de rutas de aire y de más




federico iglesias



infinitivo



persona del plural que muta en singular
primera segunda tercera
cuarta parte de una vida la última
noticia de sus ojos es mirar
hacia dentro y soltar aire
una dos tres veces
el sujeto predicado cruza de un volar
camina trabaja duerme y va
a buscarse un encierro que le dé / de escapar




federico iglesias





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Epílogo


“las invenciones de lo desconocido reclaman formas nuevas"

Frente al pánico de la hoja en blanco uno se pone a pensar y mientras fuma busca no un atajo sino el indicio detrás del que se abre un camino, un tallo común de dónde salen otros que, a su vez, se subdividen en otros, y así indefinidamente, algunos entremezclados, en direcciones opuestas, otros se acaban bruscos, otros ni se intuyen, pero todos y otros forman parte del racimo, y cuelgan en cierto sentido de la hoja en blanco, por eso lo del pánico tenga cierto asidero no tan lógico como parece. Escribir es encontrar la punta de la madeja y tirar con cuidado. Pueden pedirme que me calle cuando lo que tengo que ofrecer es poco más que nada, cuando sientan que las palabras no provienen del diálogo sino que se inventaron en la boca de quien escribe. El primer párrafo es ese impulso en el que definir los objetos cuesta pánico y es necesario entonces un par (por lo menos un par) de certezas de las que aferrarse fuerte para el embate inicial. Primera certeza: somos cuerpo y palabras, sociedad y frases, universo y textos. Pero también las palabras que no pensamos, las frases que no decimos, los textos que no leímos. El universo que no conocemos, la sociedad que queremos cambiar y el cuerpo que duele. ¿Para qué escribir? ¿Escribir para quién? Frente al espectáculo de la devastación hay que estar con el fusil en la conciencia, en cada página. Lejos de los concursos o concursis, fuera del ritual de las letras, estos renglones se abren paso en la hoja en blanco. Segunda certeza: escribo para otro. Incluso cuando, como ahora por ejemplo, escribo por el gusto de ver crecer las oraciones. Ese otro bien puedo ser yo cuando me vuelvo para adentro, pero eso no importa, u otro indefinido, nebuloso, que se dibuja apenas en la imaginación. Puede también que jamás sepa quién es ese otro que está ahora frente a este final de primer párrafo leyendo estas líneas, quién sabe cuándo y en qué circunstancias, si es que este final de primer párrafo tiene esa especie de suerte en sentido cualitativo que significa encontrar un lector.




El editor.
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