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la trampa


hoy caíste en la trampa que no es
una manera de saltar la página
y un ahora que no encuentra su después
(largo rato en la cama boca arriba)
te dice del tiempo:
ni palabras ni conceptos
es decir efectos de una decisión
el impulso, la fuerza del mover
se acumula o sedimenta en capas
que son parte de la trampa



federico iglesias

no vivo en la trinchera pero sí



en el espacio en que se libra
se redime y despacha
extendida como el todos los días

la guerra que no puede
llamarse así misma guerra sino
por quién vive en la trinchera
y huele humedad pólvora mierda

de otros cuerpos que me urgen
en la zanja de avanzada
ese lugar que establezco
un talud y pedrero en el tiempo

que se hace piel con los años
en los pliegues que son, a la vez
expresiones de esa guerra
cicatrices acumuladas, muñones

el corte abrupto del peligro
el azufre que se parte
las manos que no inventan
afuera es distinto, a veces igual

por eso la búsqueda
en el tiempo el trabajo, caminar
extendida como esos días
que no vivo en la trinchera



federico iglesias

algo

"algo en su interior, como la carcoma al mueble, roe por anticipado su expectativa ante toda posible intensidad, lo cual explica un poco sus ausencias y sus silencios..." 
Saer, Glosa, 1986.


situado, alojado en el estómago
pero en sentido no fisiológico
sino más bien en la otra cara
de su doble constitución

designa una cosa que no se quiere
o no se puede nombrar,
una cantidad o intensidad indeterminada
es una parte, un poco, nunca del todo

para dejar de ser algo tiene que
asumir un rostro y carácter
nombrarlo y sobrevivirlo
pero vuelve y se escapa, o mejor dicho

vuelve y se aloja ahí  
ese péndulo que va y viene
en direcciones encontradas
los sueños son un indicio

empecé por uno repetido: los aviones
la imagen que mis sueños se hacen
metáforas de una coyuntura
que me habita como dueño

la puja entre uno y su doble
en otro lado, la esquina y el paredón
un cementerio y coincidencias del tiempo
mas no del espacio y viceversa.




federico iglesias

II


¿oíste bien?
nos vamos
con el fracaso a otra parte
el descarrilamiento a otra parte
este cuerpo a otra parte
otros atardeceres
vendrán a la rastra conmigo
un mate, o mejor dicho
otro mate
y otro termo también
otredades cotidianas en la mochila
cierro puertas y ventanas, la llave
de gas, apago las luces
sin preguntar la hora nos vamos
¿oíste yo?
con todo lo que me sobra
y me falta
con todo lo que dejo
un pedazo de mis vísceras
un dolor en el pecho
           



Junio 2004

hálito


dice con el cuerpo
lo que no con la palabra
en los ojos un aire
que no puede pronunciar
o si con la mirada habla
dice el cuerpo y un dolor

devota ingratitud que cuesta soltar


federico iglesias

de X para A


“lo que se hace querer es lo imperfecto”
John Berger, "De A para X".


en esos libros que miraste
/abstraída de unas palabras/
queda algo tuyo

un aire o pátina espectro
presencia interior que absorbe
no cabe en las palabras

sin embargo se interpone
ante mis ojos que son otros
mientras miro esos libros

los repaso con la vista
más para encontrarte que seguir
la huella de tu mirar




federico iglesias



libro


una tradición/merodeo desde los márgenes
trama o tema o argumento: un deber
el instinto empuja una búsqueda pertinaz
imperativo literario, buen precio/

jugar a ser otro: en eso consiste vivir
desprecio de aristócrata del sentido
un vistazo alrededor
relación que me excede y da aire

convertido en mercancía por esa perversidad
que se pergeñó con la creación humana
una mímesis alejada de la realidad
o una página que santifica y engrosa
no cuando envejece, el tono del papel
de las antigüedades en cualquier reventa

una sonrisa de aceptación
el primer paso y la calle sin entender
cómo ingresa un libro en mi órbita de interés


federico iglesias

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Epílogo


“las invenciones de lo desconocido reclaman formas nuevas"

Frente al pánico de la hoja en blanco uno se pone a pensar y mientras fuma busca no un atajo sino el indicio detrás del que se abre un camino, un tallo común de dónde salen otros que, a su vez, se subdividen en otros, y así indefinidamente, algunos entremezclados, en direcciones opuestas, otros se acaban bruscos, otros ni se intuyen, pero todos y otros forman parte del racimo, y cuelgan en cierto sentido de la hoja en blanco, por eso lo del pánico tenga cierto asidero no tan lógico como parece. Escribir es encontrar la punta de la madeja y tirar con cuidado. Pueden pedirme que me calle cuando lo que tengo que ofrecer es poco más que nada, cuando sientan que las palabras no provienen del diálogo sino que se inventaron en la boca de quien escribe. El primer párrafo es ese impulso en el que definir los objetos cuesta pánico y es necesario entonces un par (por lo menos un par) de certezas de las que aferrarse fuerte para el embate inicial. Primera certeza: somos cuerpo y palabras, sociedad y frases, universo y textos. Pero también las palabras que no pensamos, las frases que no decimos, los textos que no leímos. El universo que no conocemos, la sociedad que queremos cambiar y el cuerpo que duele. ¿Para qué escribir? ¿Escribir para quién? Frente al espectáculo de la devastación hay que estar con el fusil en la conciencia, en cada página. Lejos de los concursos o concursis, fuera del ritual de las letras, estos renglones se abren paso en la hoja en blanco. Segunda certeza: escribo para otro. Incluso cuando, como ahora por ejemplo, escribo por el gusto de ver crecer las oraciones. Ese otro bien puedo ser yo cuando me vuelvo para adentro, pero eso no importa, u otro indefinido, nebuloso, que se dibuja apenas en la imaginación. Puede también que jamás sepa quién es ese otro que está ahora frente a este final de primer párrafo leyendo estas líneas, quién sabe cuándo y en qué circunstancias, si es que este final de primer párrafo tiene esa especie de suerte en sentido cualitativo que significa encontrar un lector.




El editor.
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