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Manual de tránsito


Los autos avanzan sobre una ley de humo

que nadie obedece.

De noche pronuncian la velocidad

como una forma de olvido.

 

Rojo: se negocia.

Verde: se impone.

 

La calle enseña con dientes:

manda el más grande

el que devora el carril

el que arremete

el que no mira

el resto aprende a encogerse.

 

Arriba, pocos reparten el mundo.

Abajo, muchos se disputan las migajas

 

Multitud que mastica semáforos

traga órdenes

escupe bocinas como plegarias rotas

en un sueño fabricado

para que nadie despierte.

 

Pantallas que ordenan, dictan

inyectan luz en los ojos

mentiras que circulan

soles pequeños y domesticados

como semáforos siempre en verde.

 

En esta coreografía de choques

alguien maneja entre cuerpos

y broncas que son relámpagos,

entendiendo demasiado tarde

que la violencia no estalla, gotea

no es accidente: es el sistema

nadie la inventa, nadie la detiene:

circula.


el que espera, desespera

“para que esta mentira, toda
arda entera
y de sus cenizas brote 
una palabra que haga temblar la tierra.”

— Hay que esperar. 

Eso dicen y repiten 
como un mantra hueco
con sonrisas de piedra 
los que nunca esperan nada 
porque todo les fue dado
les llegó desde la cuna. 

Como si el tiempo fuese 
un remedio universal 
capaz de curar la bronca
y anestesiar la resignación.

Nos piden esperar mientras
ajustan, venden, destruyen
y exhiben la crueldad
como botín de guerra.

Señores, hay que esperar: 
como si estuviésemos en la sala 
de un hospital sin médico 
mientras el país se desarma 
se desguaza como un auto
en un desarmadero.

Hay que esperar nos dicen 
con la boca llena de promesas vencidas
mientras se juegan nuestras urgencias 
en la timba financiera. 

Hay que esperar 
nos dice el Mesías 
que mastica discursos
y escupe ruinas
sobre la mesa del pueblo.





I F

Escenas de la vida cotidiana

 a Radovan Ivsic por sus meteoros



1. [Adentro del departamento – de noche]

La heladera zumba como un insecto vengativo.
Hay un trozo de queso momificado en la puerta.
El personaje lo mira.
Le pregunta si aún quiere ser parte del sistema digestivo.
El trozo de queso no responde.
El personaje lo acaricia y lo deja en el sarcófago.



2. [En el colectivo – por la mañana]

Un cartel en la ventanilla dice: “Se prohíbe soñar con impunidad”.
El personaje sube, y se sienta al lado de un tipo que le lee la mente en voz alta.
—“Este no quiere ir a trabajar, quiere ser vapor” —dice el tipo.
El personaje asiente.
Se transforma en una nube y flota por la salida de emergencia.



3. [en el baño del trabajo – al mediodía]

El personaje se encierra en el baño.
En la pared hay un grafiti: “SOMOS MUCHOS ADENTRO Y AFUERA DE ESTA CABEZA”.
Se sienta en la tapa del inodoro y espera instrucciones.
Del inodoro sale una voz:
—“No te preocupes, esto también es ficción”.
El personaje toma nota en la palma de la mano con una birome.



4. [en la terraza – al atardecer]

Hay una reunión de seres tristes vestidos de colores chillones.
Discuten sobre el precio del aire.
Uno propone privatizar el sol.
Otro sugiere que aprendamos a fotosintetizar, onda las plantas.
El personaje aplaude lento, con guantes de goma puestos.
Llueven mariposas de origami.



5. [en la cama – de madrugada]

El personaje no duerme.
Tiene un auricular que conecta la nariz con el oído
Escucha la voz de su yo del futuro:
—“No va a mejorar, pero vas a hacer las paces con el sinsentido”.
El personaje se ríe bajito.
La almohada le responde con un bostezo.
Ambos se abrazan y se duermen.



6. [en el ascensor – por la tarde]

El personaje sube solo.
El espejo lo mira con decepción.
En lugar de botones hay emociones: Inseguridad, Euforia moderada, Culpa tipo B, Desvarío social.
Aprieta Melancolía eficiente.
El ascensor baja hasta un campo donde pastan burócratas con portafolios en la boca.
Uno se le acerca y le ladra una orden.



7. [en el supermercado – de noche]

El personaje empuja un changuito lleno de cosas que no recuerda haber puesto.
Cajas de silencio, latas de ansiedad, una sandía con un ojo abierto.
En la caja hay una persona que cobra.
—¿Tiene puntos? —le pregunta.
—Solo los suspensivos —responde el personaje.
Y se lleva la cuenta anotada en la frente.



8. [en la biblioteca pública – por la mañana]

Todos los libros están boca abajo.
Sus títulos cambian cada vez que los mira.
Toma uno que dice “Manual para sobrevivir a un día promedio sin desaparecer”.
Lo abre: solo hay espejos diminutos.
En cada uno, una versión suya llora por razones diferentes.
Decide llevarse el libro, pero el bibliotecario le pide que devuelva el que se llevó antes.



9. [en la plaza – al anochecer]

Los árboles estornudan hojas secas.
Los bancos se quejan del peso emocional de los que se sientan.
Un niño juega con una cuerda invisible, dice que está paseando su duda existencial.
El personaje le pregunta si la duda muerde.
—Solo si la ignorás —le responde el niño.
Entonces se agacha y la acaricia.


I F

Ginebra y Espejos



"una mujer atrás de un vidrio empañado
pero no, mejor no hablar de ciertas cosas"




Un trago:
la llave oxidada que abre el pecho.
Ginebra y hielo,
rasgar a ver qué sale:
un ojo blindado, un pez soluble,
la sombra de una palabra sin idioma.

Jirones de relatos flotan en el vaso
una radio que murmura desde adentro,
una plaza que no se olvida
aunque la pisen trenes y bondis.

Puentes que se doblan
como cucharas ante la mirada equivocada,
y uno va, siempre va,
a cruzarlos con la frente en llamas
y los pies hechos preguntas.

¿Era ella o una aparición en el vidrio empañado?
¿Una frase mal doblada en boca de otro?
Ya no importa.

La ciudad mastica los pasos en loop,
como la voz que te arrulla
para después escupirte
contra la madrugada fría y húmeda.

No hay autopsia para los sueños.
No hay filosofía que cure
la infección del deseo.

Y sin embargo,
una última ginebra
—esta vez sin hielo—
Invoca una ausencia
que no se va.


I F

Bitácora de una batalla (de cómo una derrota deja de serlo)


"banderas en tu corazón 
yo quiero verlas
ondeando luzca el sol o no"




Yo fui uno de los últimos en subir al barco.
No por falta de ganas,
sino porque andaba así:
a veces con el cuchillo entre los dientes,
otras con la paciencia cansada
y el estómago roído por la ansiedad.

Este no es un canto de guerra.
No hay héroes ni villanos,
ni dioses que nos guíen por las sombras.
Es apenas una historia de batalla,
escrita desde la batalla misma,
para entender lo que hicimos,
y lo que todavía nos queda por hacer.

¿Teníamos un barco?
Más bien, lo hicimos flotar.
Lo arrancamos del muelle sin darnos cuenta,
porque había trincheras que nos llamaban
desde un horizonte dibujado en mapas ajenos.

Nuestro equipaje era escaso:
una valija chica, libros, ropas apretadas
y dos o tres certezas que valían más que el oro.

No sabíamos del todo a dónde íbamos,
pero sí sabíamos por qué.
Y eso, en estos tiempos, ya es mucho.

La bahía se veía apenas,
tras la neblina y el cansancio.
Un campanario, unos molinos en la colina,
una muralla que escondía más preguntas que respuestas.
Esa noche no dormimos:
navegamos en círculos,
como quien cuida lo que todavía no conoce
pero ya siente propio.

A bordo, éramos muchos y distintos.
Algunos se movían con naturalidad,
sabían qué hacer con las sogas, las velas, los nudos.
Otros mareados, otros callados,
otros porque sí, otros porque no.
Pero todos estábamos ahí
por razones profundas como anclas.

La organización fue dura,
porque navegar juntos no es simple,
porque flotar no basta,
porque a veces también hay que avanzar.

Aquella era una ciudad olvidada,
fuera de los libros y de los mapas.
Pero la reconocimos enseguida:
ese era el lugar.
No para conquistarla,
sino para recuperarla.

Cuando sonó el primer cañonazo,
el barco tembló y nosotros también.
No gritamos victoria.
Entendimos que habíamos empezado.
Que lo imposible se vuelve necesario
cuando ya no hay vuelta atrás.



I F

La biblia de los CEO

 

Si acaso sufren injustamente, recuerden que Dios les ha ordenado

sufrir con paciencia.

Pedro 2:21

 

empobrecer

embrutecer

inocular

confundir

y convencer

 

así rezan los cinco infinitivos

esa forma impersonal del verbo

subordinación sustantiva

los cinco jinetes de la nueva derecha

que dan forma al nuevo orden mundial:

de privilegios y acumulación

con pobreza e ignorancia

entre individualismo y miedo

llenos de odio y misticismo

fe corrupta de la enajenación

sobre estos pilares de huesos

se levanta la disolución humana

el exterminio de todo lo social


un retroceso milenario

pre-paleolítico y anti-evolutivo

el sermón prepotente y abusivo

que predica la biblia de los CEO

think tank de la miseria

lobotomía feroz que idiotiza

y deshumana la existencia.

 

 

 

F I

abril 2024

Caos vegetal


hay algo del pasto que quiero reivindicar

algo que admiro

de los yuyos y plantines silvestres

de esas hojas que anidan tantas ramas

de las ramas que arbolean el jardín

de ese caos vegetal que me rodea

casi literalmente

vida que no se detiene jamás

una y otra vez acomete al espacio

que ocupa y puebla, coloniza en verdes

el fondo de una casa, nada más prosaico

y solo retrocede ante la maquinaria humana

que lo diezma y reduce a césped

una y otra, y otra vez…


F I

Balance temporal


Donde las horas viajan 
al ritmo de un tic-tac discontinuo 
suena una voz a cielo abierto
cenital y áspera
como el eco de un grito primitivo
tan íntimo como la soledad 
o este armazón que me sustenta 
en cualquier tiempo conjugado
un resplandor en la oscuridad del desierto
un tambor templándose al fuego
los despojos de humanidad al costado del camino
los colores del arcoíris y el rojo en la bandera
las cicatrices que dejan las traiciones
las rutas que son venas y vasos comunicantes
un fuego verde quemando por dentro
el tiempo múltiple del que me alimento y comparto
las páginas que me hicieron un lugar en el mundo
este suelo en el que busco y dejo huella.

F I


treinta y seis/besos

"mi casa se puebla de arlequines 
cuando hay ruido de besos en el aire"
Roberto Jorge Santoro



en un pasillo adolescente
nos atraparon estos besos
improvisados
inevitables
necesarios
impulsivos
apasionados
profundos
dulces
intensos
verdaderos
esperanzadores
perfectos
tiernos
suaves
asaltantes
arrebatados
instintivos
esperados
deseados
concretos
lúdicos
soñados
vitales
enamorados
excitantes
ricos
amorosos
compartidos
poéticos
nuevos
inspirados
osados
urgentes
expresivos
movilizadores
libres
sensuales
es decir, besos como palabras
escritas entre dos




ale rojas
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Epílogo


“las invenciones de lo desconocido reclaman formas nuevas"

Frente al pánico de la hoja en blanco uno se pone a pensar y mientras fuma busca no un atajo sino el indicio detrás del que se abre un camino, un tallo común de dónde salen otros que, a su vez, se subdividen en otros, y así indefinidamente, algunos entremezclados, en direcciones opuestas, otros se acaban bruscos, otros ni se intuyen, pero todos y otros forman parte del racimo, y cuelgan en cierto sentido de la hoja en blanco, por eso lo del pánico tenga cierto asidero no tan lógico como parece. Escribir es encontrar la punta de la madeja y tirar con cuidado. Pueden pedirme que me calle cuando lo que tengo que ofrecer es poco más que nada, cuando sientan que las palabras no provienen del diálogo sino que se inventaron en la boca de quien escribe. El primer párrafo es ese impulso en el que definir los objetos cuesta pánico y es necesario entonces un par (por lo menos un par) de certezas de las que aferrarse fuerte para el embate inicial. Primera certeza: somos cuerpo y palabras, sociedad y frases, universo y textos. Pero también las palabras que no pensamos, las frases que no decimos, los textos que no leímos. El universo que no conocemos, la sociedad que queremos cambiar y el cuerpo que duele. ¿Para qué escribir? ¿Escribir para quién? Frente al espectáculo de la devastación hay que estar con el fusil en la conciencia, en cada página. Lejos de los concursos o concursis, fuera del ritual de las letras, estos renglones se abren paso en la hoja en blanco. Segunda certeza: escribo para otro. Incluso cuando, como ahora por ejemplo, escribo por el gusto de ver crecer las oraciones. Ese otro bien puedo ser yo cuando me vuelvo para adentro, pero eso no importa, u otro indefinido, nebuloso, que se dibuja apenas en la imaginación. Puede también que jamás sepa quién es ese otro que está ahora frente a este final de primer párrafo leyendo estas líneas, quién sabe cuándo y en qué circunstancias, si es que este final de primer párrafo tiene esa especie de suerte en sentido cualitativo que significa encontrar un lector.




El editor.
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