Donde las horas viajan
al ritmo de un tic-tac discontinuo
suena una voz a cielo abierto
cenital y áspera
como el eco de un grito primitivo
tan íntimo como la soledad
o este armazón que me sustenta
en cualquier tiempo conjugado
un resplandor en la oscuridad del desierto
un tambor templándose al fuego
los despojos de humanidad al costado del camino
los colores del arcoíris y el rojo en la bandera
las cicatrices que dejan las traiciones
las rutas que son venas y vasos comunicantes
un fuego verde quemando por dentro
el tiempo múltiple del que me alimento y comparto
las páginas que me hicieron un lugar en el mundo
este suelo en el que busco y dejo huella.
F I