"Claro: este es el Desierto
de Atacama buena cosa no
valía ni tres chauchas llegar
alli y no has visto el
Desierto de Atacama -oye:
lo viste alla cierto? bueno
si no lo has visto anda de
una vez y no me jodas"
Raúl Zuritta, "Como un sueño", en "Purgatorio", 1979, Santiago de Chile.
.
.
Hace veintitrés kilómetros trajino la Cuesta de Lipán
rumbo a Susques
un camión me trasporta en su caja casi vacía,
“mientras” acelera y trepa una pendiente
(para luego doblar cerrado a la izquierda)
“mientras” sacude el paisaje en estruendos o el viento
(aturde su alrededor en jirones sordos)
.
Todo es “mientras” porque esta crónica
es otra puerta de la jaula abierta
.
Someto el orden de los acontecimientos a mis caprichos de viajero.
¿Pero puedo evitar empezar por el comienzo?
.
El camionero me advirtió que estamos vivos/
y dentro de un rato será de noche
si la tormenta en brasas cae
como navajas frente al espejo.
.
Dicho y hecho:
veo el desierto verdecer en trancos de llegada
la suma de todos los “mientras”, el mundo.
.
La panorámica de la Puna Sur:
Cruda
Violenta
Impecable
Despiadada
Blanda
Implacable
Humana el camino
dibuja su huella
ocre al anochecer.
con alma de brújula en el bolsillo
cuando descienda del camión
las campanas de la Iglesia
consagrada a la Virgen de Belén
(si es que hoy llego a Susques)
.
.
Pero el camión no se queda en la noche
huye por mi temor a la soledad
producido por el silencio de la huella
ocre sepultada en la neblina
.
Al costado de la Ruta
cinco o muchas horas antes de Susques
(si es que la distancia puede medirse en tiempo)
una Barraca duerme al día en sus paredes de adobe
una Venta para ser armado caballero
su puerta de chapa bajo la lamparita
aparece como un ojal de la noche.
.
Dentro de la Barraca todo también es “mientras”/
Un puñado de hombres come
“mientras” del otro lado abro la puerta
con un pie a punto de entrar apunto
una duda en el instante de traspasar el umbral.
.
La mesa llena: eso veo, o creen mis ojos
el sentido de una imagen
de manos y cucharas
gira su cabeza
tras la explosión de la rutina.
.
Hoy es ayeres diferentes a mañana/
¿para quién la imagen y el sentido?
la mesa llena: veo eso, o creo en mis ojos
Sobre la sopa de los platos flotan
flotamos
caras de cena interrumpida
en trance y espejo quijotesco
mis gestos deslizan una correlación
de muecas y palabras
que forjan un saludo
.
Levanto la mano izquierda
como enseñando la explosión de un guante.
Soy un aparecido/
.
Desde el centro de la mesa
alguien con aires de capataz
hace una cruz al lado de unos nombres
que habitan su planilla
“mientras” me invita un plato de sopa y un bife con puré.
.
La lista de los condenados a crucifixión
pienso,
– ¿la Última Cena?
– No
hasta que no terminen de pavimentar la ruta
cada noche habrá una Última Cena
con el capataz haciendo cruces en la planilla.
.
Y aunque comparta esta mesa
un plato de comida
rico el bife con puré
y aunque el agasajo me llene de ganas
detesto sentarme a esta rutina de crucifixión/
.
¿Quién paga la cena?
.
Sentado a la mesa empuño cuchillo y tenedor
(con hambre de ahora)
frente a mí, levanta un vaso de vino
me mira a los ojos,
fija su imagen entre carcajadas y comentarios
su cordialidad me despoja de aventurero/
pero en su conversación no cabe el disfraz
me saco la mochila.
los hombros
se desprenden las marcas
que llevan en la espalda
se recuestan en un rincón a coser dormideras.
.
La puerta es de salir,
abierta desde afuera por un gesto climático
y el camión que se va al Trote,
pelean por quedarse con la noche
alojarse en un recuerdo, flotar por ahí
antes de entregarme al no recuerdo del sueño.
.
La única esquina de este lugar
es un cuadro colgado en la pared
con figuras de perros que ladran faroles
.
Afuera no hay esquinas/
en el Trote el camión carga gárgaras de sal/
.
Acá, la cuadra desde la ventana
la tormenta violeta sin agua
surca el barrio con “ojazos de buey”.
.
Una cuerda de tierra y un recuerdo de arena
levantan polvo
“mientras” cruzan mi cerebro sin pasaporte
por el Paso de Jama o más al sur.
.
La sobremesa se estira
con alma de vagón
“mientras” el cansancio
impone biológico
su cotidianeidad de pavimentación.
.
.
(Hace una infancia, me angustiaba la sirena
del cuartel de Bomberos cuando la oía desde la almohada)
.
Ahora oigo la infancia desde la noche/
No hay tregua
el silencio y los “mientras” a todo o nada
converso la aparición, agradezco la comida
.
El choque de la entrada
acaba en choque de irse a dormir
para mañana despertar
en choque de desayuno.
Choque de hombres desde el que salgo otro/
.
El día arranca como un motor diesel
casi temprano, alguien entra
y la única luz que hay en la barraca
apaga el silencio
lo que me queda de un sueño.
.
Una conversación se mete en mi bolsa de dormir
trepa a mis orejas
“mientras” una taza de frío bien calientita
sobre la mesa bosteza con cresta de vapor.
.
Salgo de la Barraca después del desayuno/
me voy con un gusto amargo
no hay azúcar para el mate cocido.
.
.
La primera visión de Susques
una antena gigantesca de microondas.
.
Unos kilómetros más adelante
la frontera
enhiesta frente a nada
ajena al paisaje
semeja un andén
.
.
.
federico iglesias
Enero 2001
.