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golpe por golpe

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por asalto, necesidad y urgencia
aprovechar estos momentos
nos acomete cierta calma
como dunas del desierto
(las mastico)
en perspectiva panorámica
y avanzo mientras puedo
no al margen pero ajeno
con lo que tengo
al tiempo materializado en mi reloj
de vez en cuando un vistazo
atrás y seguir en dos números
nunca la misma vida
se corrige sobre la marcha
en sentido no biológico
desandarse hasta la médula
porque uno viene de otro lado
casi desconsiente una ruptura tras otra
y el parricidio cuesta
decir para no decir y viceversa
la intención en pocas líneas
hasta que suelto mis dedos
cuando no siento las yemas


federico iglesias
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Ludion




el muñequito va
a buscar al fondo del agua
entre restos de naufragios y
recuerdos que se mueven en cardumen
por ejemplo un bandoneón mojado
-ejecutaré un concierto, dice
y hace el gesto del fuelle sobre la falda


lo transporta
después
a la superficie
donde:
un gusano de seda
muerto sin hacer su capullo
llena la sala y aplaude


el muñequito tiene
una esfera hueca y agujereada
en la parte inferior de su conciencia
y su cuerpo sumergido
sube o baja según la presión
que ejerce el líquido en el que está inmerso
entre restos de naufragios y
recuerdos que se mueven en cardumen



federico iglesias
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Rimbaud con lentes negros



"y un par de sienes ardientes que son todo el tesoro"



me voy a comer tu dolor
voy a salvarme esta noche
el infierno está encantador
embriagado, esta noche
sin labios que besan fríos
un coro de macetas
mambo criminal en el patio
de mis antepasados conservo
cierta tendencia a la evasión
sopa de almejas
mambo criminal
voy a salvarte esta noche
un poco más cerca
menos que mi reputación
letras de artillería
hurtan el sueño
una ternura que acecha
fuma en la oscuridad
y un corazón
no se endurece porque sí




federico iglesias
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lado B

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entrar y salir, así nos la pasamos
tanta filosofía hay en el mundo
y sin embargo no aprendemos a vivir
las costumbres ritualizadas ajenas
a la percepción del patrón común
del entendimiento, permanecen
a la sombra de un muro
que las margina de espaldas
ir y venir, inmovilidad que tira para atrás
ausencia del deseo que no dice
o calla a los gritos

el agua estancada se pudre, un alma
también, dar vuelta una página
movimiento de carácter vital
camino dentro y fuera, moverse
para salir y encontrar un cauce
más que de palabras se trata
de la carne del mundo, de la fuerza
que nos hace y crece, cuando quise
dar vuelta la página noté mi existencia
insoportable de a ratos, un ir y venir
alguna parte hacia la nada o la mera
contemplación de una autista forzoso
como ese personaje que vaga por La Habana
ajeno y ausente de la revolución que lo rodea.

¿qué hay del optimismo? ¿de la confianza
que me hizo llegar hasta acá?
¿de las decisiones tomadas vía impulsos?
¿de las certezas acumuladas en el pecho?
ahí quedan, como esa inquietud que te lleva
donde una parte de mi vida dice hasta acá
un anuncio que viene desde lejos y dentro
no como quien huye sino como quién
busca un sentido, el sentido de las páginas
de un libro a mitad leer

en la ausencia late una dimensión vivencial
toda ausencia impone un desafío inalcanzable
a los cobardes, ese temor al no-ser
que se refleja en un programa de televisión
masivo, tanta basura impune
la ausencia de sentido, el rapto de las ganas
ese no querer que sea, una obligación
que dicta ese a priori del acto amoroso
y nada de lo que digo me reconforta.

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federico iglesias

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la explicación es sencilla: coser el pantalón

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necesito aguja e hilo de coser, por ejemplo
entonces aquel tipo del tren
sin un brazo y en muleta, vende veinte agujas de todo tipo por un peso
no gracias
me acuerdo también que tenía más de una moneda de un peso
en Unión y Libertad
me acuerdo aún de que el tipo me dio pena y le esquivé la mirada
no gracias
pero para entonces ya estoy con la mitad del cuerpo enterrada en un parque jardín
olvídense del resto
puede observarse como me crecen ramas a la altura de las axilas
después hojas
y entre la fronda un nido vacío
desde las yemas de los dedos despuntan unas espinas finitas
como de cactus
que si se mira con detenimiento no dejan de parecer agujas
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federico iglesias
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hombre araña

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Compitiéndole la inmovilidad a una araña que cuelga
Dentro del cono de luz proyectada en vértice
Una sombra dos en la pared patas arriba
Tejieron en silencio este vació del que penden

Yo le agradezco por sacarme de acá dentro
Como el gato que atraviesa y acurruca en el sofá
A buscarse un sueño que le dé de dormir
Como la araña que vigila su inmovilidad y la mía

Esas telas de letras que capturan insectos distraídos
No busques la metáfora incendiada a encendedor
Descubrí la intráfora que si no existe acaso importe
Que te diga el silencio campante rotó a saxofón

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federico iglesias

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Crónica de viaje


"Claro: este es el Desierto
de Atacama buena cosa no
valía ni tres chauchas llegar
alli y no has visto el
Desierto de Atacama -oye:
lo viste alla cierto? bueno
si no lo has visto anda de
una vez y no me jodas"
Raúl Zuritta, "Como un sueño", en "Purgatorio", 1979, Santiago de Chile.


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Hace veintitrés kilómetros trajino la Cuesta de Lipán
rumbo a Susques
un camión me trasporta en su caja casi vacía,
“mientras” acelera y trepa una pendiente
(para luego doblar cerrado a la izquierda)
“mientras” sacude el paisaje en estruendos o el viento
(aturde su alrededor en jirones sordos)
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Todo es “mientras” porque esta crónica
es otra puerta de la jaula abierta
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Someto el orden de los acontecimientos a mis caprichos de viajero.
¿Pero puedo evitar empezar por el comienzo?
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El camionero me advirtió que estamos vivos/
y dentro de un rato será de noche
si la tormenta en brasas cae
como navajas frente al espejo.
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Dicho y hecho:
veo el desierto verdecer en trancos de llegada
la suma de todos los “mientras”, el mundo.
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La panorámica de la Puna Sur:
Cruda
Violenta
Impecable
Despiadada
Blanda
Implacable
Humana el camino
dibuja su huella
ocre al anochecer.
con alma de brújula en el bolsillo
cuando descienda del camión
las campanas de la Iglesia
consagrada a la Virgen de Belén 
(si es que hoy llego a Susques)
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Pero el camión no se queda en la noche
huye por mi temor a la soledad
producido por el silencio de la huella
ocre sepultada en la neblina
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Al costado de la Ruta 
cinco o muchas horas antes de Susques
(si es que la distancia puede medirse en tiempo)
una Barraca duerme al día en sus paredes de adobe
una Venta para ser armado caballero
su puerta de chapa bajo la lamparita
aparece como un ojal de la noche.
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Dentro de la Barraca todo también es “mientras”/
Un puñado de hombres come
“mientras” del otro lado abro la puerta
con un pie a punto de entrar apunto
una duda en el instante de traspasar el umbral.
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La mesa llena: eso veo, o creen mis ojos
el sentido de una imagen
de manos y cucharas
gira su cabeza
tras la explosión de la rutina.
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Hoy es ayeres diferentes a mañana/
¿para quién la imagen y el sentido?
la mesa llena: veo eso, o creo en mis ojos
Sobre la sopa de los platos flotan
flotamos
caras de cena interrumpida
en trance y espejo quijotesco
mis gestos deslizan una correlación
de muecas y palabras
que forjan un saludo
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Levanto la mano izquierda
como enseñando la explosión de un guante.
Soy un aparecido/
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Desde el centro de la mesa
alguien con aires de capataz
hace una cruz al lado de unos nombres
que habitan su planilla
“mientras” me invita un plato de sopa y un bife con puré.
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La lista de los condenados a crucifixión
pienso,
– ¿la Última Cena?
– No
hasta que no terminen de pavimentar la ruta
cada noche habrá una Última Cena
con el capataz haciendo cruces en la planilla.
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Y aunque comparta esta mesa
un plato de comida
rico el bife con puré
y aunque el agasajo me llene de ganas
detesto sentarme a esta rutina de crucifixión/
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¿Quién paga la cena?
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Sentado a la mesa empuño cuchillo y tenedor
(con hambre de ahora)
frente a mí, levanta un vaso de vino
me mira a los ojos,
fija su imagen entre carcajadas y comentarios
su cordialidad me despoja de aventurero/
pero en su conversación no cabe el disfraz
me saco la mochila.
los hombros
se desprenden las marcas
que llevan en la espalda
se recuestan en un rincón a coser dormideras.
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La puerta es de salir,
abierta desde afuera por un gesto climático
y el camión que se va al Trote,
pelean por quedarse con la noche
alojarse en un recuerdo, flotar por ahí
antes de entregarme al no recuerdo del sueño.
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La única esquina de este lugar
es un cuadro colgado en la pared
con figuras de perros que ladran faroles
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Afuera no hay esquinas/
en el Trote el camión carga gárgaras de sal/
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Acá, la cuadra desde la ventana
la tormenta violeta sin agua
surca el barrio con “ojazos de buey”.
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Una cuerda de tierra y un recuerdo de arena
levantan polvo
“mientras” cruzan mi cerebro sin pasaporte
por el Paso de Jama o más al sur.
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La sobremesa se estira
con alma de vagón
“mientras” el cansancio
impone biológico
su cotidianeidad de pavimentación.
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(Hace una infancia, me angustiaba la sirena
del cuartel de Bomberos cuando la oía desde la almohada)
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Ahora oigo la infancia desde la noche/
No hay tregua
el silencio y los “mientras” a todo o nada
converso la aparición, agradezco la comida
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El choque de la entrada
acaba en choque de irse a dormir
para mañana despertar
en choque de desayuno.
Choque de hombres desde el que salgo otro/
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El día arranca como un motor diesel
casi temprano, alguien entra
y la única luz que hay en la barraca
apaga el silencio
lo que me queda de un sueño.
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Una conversación se mete en mi bolsa de dormir
trepa a mis orejas
“mientras” una taza de frío bien calientita
sobre la mesa bosteza con cresta de vapor.
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Salgo de la Barraca después del desayuno/
me voy con un gusto amargo
no hay azúcar para el mate cocido.
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La primera visión de Susques
una antena gigantesca de microondas.
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Unos kilómetros más adelante
la frontera
enhiesta frente a nada
ajena al paisaje
semeja un andén
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federico iglesias
Enero 2001
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Epílogo


“las invenciones de lo desconocido reclaman formas nuevas"

Frente al pánico de la hoja en blanco uno se pone a pensar y mientras fuma busca no un atajo sino el indicio detrás del que se abre un camino, un tallo común de dónde salen otros que, a su vez, se subdividen en otros, y así indefinidamente, algunos entremezclados, en direcciones opuestas, otros se acaban bruscos, otros ni se intuyen, pero todos y otros forman parte del racimo, y cuelgan en cierto sentido de la hoja en blanco, por eso lo del pánico tenga cierto asidero no tan lógico como parece. Escribir es encontrar la punta de la madeja y tirar con cuidado. Pueden pedirme que me calle cuando lo que tengo que ofrecer es poco más que nada, cuando sientan que las palabras no provienen del diálogo sino que se inventaron en la boca de quien escribe. El primer párrafo es ese impulso en el que definir los objetos cuesta pánico y es necesario entonces un par (por lo menos un par) de certezas de las que aferrarse fuerte para el embate inicial. Primera certeza: somos cuerpo y palabras, sociedad y frases, universo y textos. Pero también las palabras que no pensamos, las frases que no decimos, los textos que no leímos. El universo que no conocemos, la sociedad que queremos cambiar y el cuerpo que duele. ¿Para qué escribir? ¿Escribir para quién? Frente al espectáculo de la devastación hay que estar con el fusil en la conciencia, en cada página. Lejos de los concursos o concursis, fuera del ritual de las letras, estos renglones se abren paso en la hoja en blanco. Segunda certeza: escribo para otro. Incluso cuando, como ahora por ejemplo, escribo por el gusto de ver crecer las oraciones. Ese otro bien puedo ser yo cuando me vuelvo para adentro, pero eso no importa, u otro indefinido, nebuloso, que se dibuja apenas en la imaginación. Puede también que jamás sepa quién es ese otro que está ahora frente a este final de primer párrafo leyendo estas líneas, quién sabe cuándo y en qué circunstancias, si es que este final de primer párrafo tiene esa especie de suerte en sentido cualitativo que significa encontrar un lector.




El editor.
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