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la cadena

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cosas que pueblan la habitualidad de un cotidiano
conductas antirracionales o irracionales
despliegan auto gualichos de antaño
en su hacer lo mínimo posible
y dicen más allá del estómago que acusa
si bien se oponen a la razón, la cercenan además
escapan por senderos de piedras incansables
vuelven, no creas que la soga se corta y eso es todo
por el contrario: ahí empieza
cuando la última fibra cede al minimpulso del desgarro
tensa unos instantes, dos, tres segundos quizás
después una soga se hacen dos con peliches de bigote
ese instante es un vacío por el que te vas
escurrís hacia tu cabeza que tiene que decidir
que te arranquen, preferís. Pero hay más
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federico iglesias
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Moverse para salir

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Del sueño que vuelve
Epicentro en el estómago
Todos otros que me urgen
Pies sobre la tierra y no.

Dentro de zapatos que van
A buscarse dos o tres
Reales irreales y munditos
Enormes como éste, caben?

El sentido figurado del sentido
Viene a darme la hora
Ese número que avanza
No es el tiempo de almanaque.


federico iglesias

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sin domingo

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Ese lugar suspendido al que deriva por inercia
Del día gris que se mete por los poros
Cuando me inspire en estas horas te lo pasaré
Ajeno del mundo pero ahí metido hasta la cabeza

Este armazón que me sustenta en el espacio dice ausente
Experiencias, deseos y más de la sin frontera
Hace charcos al compás de una ausencia interrumpida
Hoy no estoy conmigo, no me busques

La evasión es imposible conflictuada
No encorsetarse a los conceptos
Pasan los días y los voy cambiando
Se me disparan ideas, pero no sé cómo se llenan

Tictaqueado por una gotera que no cesa
Una espera que late cual agonía lluviosa
Volviste a alguno de los textos
Y dónde será que ha ido a parar así atrapado como está



federico iglesias

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"Lo Dedo Negro"

"de la mano lo dedo negro 
que van tocando el tambor"

Un eco nace repique
.     ...lonjas de Cuareim van por la acera
Pasos marcados a los tobillos

Que transpiran cinco siglos
.     ...chico repique y piano en la madera
O mejor dicho a los grillos que portan esos tobillos

Por la calle de adoquines
.     ...lonjas de Cuareim van por el viejo murallón
El rumor de la planta del pie

Que se mueve apenas pero firme
.      ...se le van las manos al moreno bajo el farol
En trayectos infinitos y ancestros

Una y otra vez golpean
.      ...borocotó chas chas suenan los tambores
Paso corto constante, zumbante

.      … borocotó chas chas por Isla de Flores

Un grito de lejos te nombra, y llama
.     ...a cualquiera, a la madera…
No como en las películas sino en el patio de tu casa



federico iglesias

un día de espera


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no tiene retorno la lata del día
significaciones irrenunciables
a este presente que se hace esperar
que viene, que viene, aún no
el sentido negativo de la curva
asoma en el corte sincrónico
lupa de vela miope una noche
de tantas y otras que pasaron
invertidos los claros y oscuros
o los colores complementarios
de aquello que hace a una curva
en su búsqueda de sentido
y así latoso el día se lleva algo
de humo, mi transpiración de hoy
la cara de mi jefe de cara de nada
la nada de mi jefe en su cara me mira
el sentido negativo de la curva
no es causa, alienta, menos anuncia
la mañana de mi tarde cuando arranco
un puñado de certezas, dudas
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federico iglesias

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Epílogo


“las invenciones de lo desconocido reclaman formas nuevas"

Frente al pánico de la hoja en blanco uno se pone a pensar y mientras fuma busca no un atajo sino el indicio detrás del que se abre un camino, un tallo común de dónde salen otros que, a su vez, se subdividen en otros, y así indefinidamente, algunos entremezclados, en direcciones opuestas, otros se acaban bruscos, otros ni se intuyen, pero todos y otros forman parte del racimo, y cuelgan en cierto sentido de la hoja en blanco, por eso lo del pánico tenga cierto asidero no tan lógico como parece. Escribir es encontrar la punta de la madeja y tirar con cuidado. Pueden pedirme que me calle cuando lo que tengo que ofrecer es poco más que nada, cuando sientan que las palabras no provienen del diálogo sino que se inventaron en la boca de quien escribe. El primer párrafo es ese impulso en el que definir los objetos cuesta pánico y es necesario entonces un par (por lo menos un par) de certezas de las que aferrarse fuerte para el embate inicial. Primera certeza: somos cuerpo y palabras, sociedad y frases, universo y textos. Pero también las palabras que no pensamos, las frases que no decimos, los textos que no leímos. El universo que no conocemos, la sociedad que queremos cambiar y el cuerpo que duele. ¿Para qué escribir? ¿Escribir para quién? Frente al espectáculo de la devastación hay que estar con el fusil en la conciencia, en cada página. Lejos de los concursos o concursis, fuera del ritual de las letras, estos renglones se abren paso en la hoja en blanco. Segunda certeza: escribo para otro. Incluso cuando, como ahora por ejemplo, escribo por el gusto de ver crecer las oraciones. Ese otro bien puedo ser yo cuando me vuelvo para adentro, pero eso no importa, u otro indefinido, nebuloso, que se dibuja apenas en la imaginación. Puede también que jamás sepa quién es ese otro que está ahora frente a este final de primer párrafo leyendo estas líneas, quién sabe cuándo y en qué circunstancias, si es que este final de primer párrafo tiene esa especie de suerte en sentido cualitativo que significa encontrar un lector.




El editor.
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