"una mujer atrás de un vidrio empañado
pero no, mejor no hablar de ciertas cosas"
Un trago:
la llave oxidada que abre el pecho.
Ginebra y hielo,
rasgar a ver qué sale:
un ojo blindado, un pez soluble,
la sombra de una palabra sin idioma.
Jirones de relatos flotan en el vaso
una radio que murmura desde adentro,
una plaza que no se olvida
aunque la pisen trenes y bondis.
Puentes que se doblan
como cucharas ante la mirada equivocada,
y uno va, siempre va,
a cruzarlos con la frente en llamas
y los pies hechos preguntas.
¿Era ella o una aparición en el vidrio empañado?
¿Una frase mal doblada en boca de otro?
Ya no importa.
La ciudad mastica los pasos en loop,
como la voz que te arrulla
para después escupirte
contra la madrugada fría y húmeda.
No hay autopsia para los sueños.
No hay filosofía que cure
la infección del deseo.
Y sin embargo,
una última ginebra
—esta vez sin hielo—
Invoca una ausencia
que no se va.
I F