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Gaza, acá nomás

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Gaza no es la esquina de tu barrio,
aunque en esa esquina también
caen pibes acribillados
por balas impunes, uniformadas.

Gaza es tu pasado y tu presente,
otro Guernica que nos arde.
Nos costó la sangre de treinta mil;
hoy la muerte vuelve a repetirse,
allá, acá nomás.

Gaza no es tu escuela derrumbada
por el abandono del presupuesto;
es la infancia rota, 
de chicos con hambre,
chicos sin nada.

Gaza es la fila de muertos
que ya no espera en la salita.
Nadie vendrá a buscarlos:
los alcanza el misil
o el abandono.

Gaza no es tu televisor ni el diario,
ni las voces cómplices que mienten.
Son campañas que borran los nombres,
que niegan a un pueblo
hasta el derecho de ser humano.

Gaza es el escenario del infierno.
Parece lejos.
Hasta acá no llega
el olor de la carne quemada,
ni tiemblan las paredes.

Gaza es la indiferencia
de gobiernos sumisos,
de sociedades inmóviles,
de corazones vaciados.

Gaza es un grito de rebeldía,
de bronca y de dolor.
Un llamado a ocupar trincheras,
a endurecer la voluntad
sin perder la ternura.


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federico iglesias

febrero 2009

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cucaracha

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aletea desde la pared
marroneidad altiva
de resistir la radiactividad
espanta y repulsiva


permanece así uno, dos
tres, cuatro, veinte siglos
quiero darle con la sandalia y
se me escapa


no quiere morir boca arriba
pero alguna se suicida, las hay
precipitadas a la planta del pie
ó perseguida por un gato


rociada sino
el rigor mortis desequilibra
sus patas y vuelcan
a mi me dan asco


muchas cosas me dan asco
seguro por otras razones
las camionetas 4x4
los bombardeos a los pueblos
la burocracia sindical
el agua del Reconquista
la cárcel y el Vaticano
los fisicoculturistas


¿qué sabe la razón?
del asco que me produce
nocturna y marrón desprende

olores imperceptibles, bacterias

suspendida y marrón
en el aire desafiante
bajo una luz de bajo consumo
que la proyecta oblicua

va y viene en su bamboleo
de soy-cucaracha-y-qué
torea una incertidumbre quizás
eso me pareció

tendrá este blatodeo, pregunto
algún significado
mitológico, esotérico, etológico
lo ignoro al aplastarla.
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federico iglesias

Cosas

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esa masa pegajosa y gris
está ahí afuera
te espera, observa
no quieras escapar
te ata la soga que usa
alguien que pasea
esa masa pegajosa y gris
está ahí afuera
el vaivén de la luz
de un semáforo esquina
del tipo que cruza
esa masa pegajosa y gris
te espera, observa
cuantos verdes caben
a un atardecer
que no vuelve
un perro / una calle / una nube
cada cosa en su lugar
palabras que significan
un estado de ánimo

una vida

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federico iglesias
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Epílogo


“las invenciones de lo desconocido reclaman formas nuevas"

Frente al pánico de la hoja en blanco uno se pone a pensar y mientras fuma busca no un atajo sino el indicio detrás del que se abre un camino, un tallo común de dónde salen otros que, a su vez, se subdividen en otros, y así indefinidamente, algunos entremezclados, en direcciones opuestas, otros se acaban bruscos, otros ni se intuyen, pero todos y otros forman parte del racimo, y cuelgan en cierto sentido de la hoja en blanco, por eso lo del pánico tenga cierto asidero no tan lógico como parece. Escribir es encontrar la punta de la madeja y tirar con cuidado. Pueden pedirme que me calle cuando lo que tengo que ofrecer es poco más que nada, cuando sientan que las palabras no provienen del diálogo sino que se inventaron en la boca de quien escribe. El primer párrafo es ese impulso en el que definir los objetos cuesta pánico y es necesario entonces un par (por lo menos un par) de certezas de las que aferrarse fuerte para el embate inicial. Primera certeza: somos cuerpo y palabras, sociedad y frases, universo y textos. Pero también las palabras que no pensamos, las frases que no decimos, los textos que no leímos. El universo que no conocemos, la sociedad que queremos cambiar y el cuerpo que duele. ¿Para qué escribir? ¿Escribir para quién? Frente al espectáculo de la devastación hay que estar con el fusil en la conciencia, en cada página. Lejos de los concursos o concursis, fuera del ritual de las letras, estos renglones se abren paso en la hoja en blanco. Segunda certeza: escribo para otro. Incluso cuando, como ahora por ejemplo, escribo por el gusto de ver crecer las oraciones. Ese otro bien puedo ser yo cuando me vuelvo para adentro, pero eso no importa, u otro indefinido, nebuloso, que se dibuja apenas en la imaginación. Puede también que jamás sepa quién es ese otro que está ahora frente a este final de primer párrafo leyendo estas líneas, quién sabe cuándo y en qué circunstancias, si es que este final de primer párrafo tiene esa especie de suerte en sentido cualitativo que significa encontrar un lector.




El editor.
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