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Un Tramontina tajea al fuelle en medio del suspiro
Y las patas de araña vuelven a clavarse en el estómago
Casi no hace falta detenerse en los detalles
Éstos hablan por sí solos en su encadenamiento lógico
Hay ramas como hélices detenidas en el aire
Entre un bolo alimenticio de biscochitos Don Satur.
Aquí lo substancial radica en él o los por qué
Hacia atrás en busca de similitudes escondidas
En el olvido de los días que pasaron
Sus huellas en las paredes de la casa o el piso
O pasto mojado de una lluvia de hace toda la tarde
Una serie de nubes que copó el cielo en un abrir y cerrar de ojos
Ahora las tengo encima y no paran de mojar
Todo lo que encuentran a su paso de gotas frenéticas
Cantidad de tiempo en que se dilata
Desde donde uno puede verla o no según la ubicación exacta
De uno y la gota a la vez: desde aquí son uno, dos tres, cua... ya está.
Después vienen las sucesivas en el tiempo
Que ha de seguir al momento en que caen
Sobre la telaraña de humo tendida adicta a lo largo de un día más.
También el Tramontina al costado del plato y en la otra mano el tenedor
Son dieciocho las patas de araña que ahora clavan
Y desclavan a ritmo punzante.
Erguida de truenos y relámpagos en forma de arterias eléctricas
Apuntándome al pecho mientras miro por la ventana
La fuga regresa en busca del paraguas
Prepara esa pasta de goma o jalea plástica que dilata cada acción
En un reflujo permanente de ganas de partir.
Es que los ejercicios de conciencia a veces duelen y otras dan calambres.
Algo que se rompió en alguna parte pero dónde, cómo.
Ajeno a esa mirada entretenida en vaya uno a saber qué
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federico iglesias