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tu cáscara, y no sos fruta, entonces debajo quétanta la bronca que late, y tu cáscara
y ese auto de lujo de mierda de lujo
algodonado por los privilegios de una clase
explotadora estalla la miseria, allá está o acá
y tu cáscara de metal o blindada por qué no
polarizado tu cerebro de vidrio, de blindex
y tu cáscara de mujer al costado, de modelo
económico neoliberal y lo de neo no es más que
un eufemismo entre tus cejas de cáscara arrugada
calva y rasurada las mejillas de tu cáscara
cara, de tu poco valor
(...)
quién sabe, si otro camión
dejara atrás varios al costado
de una ruta, quién sabe si otra
banquina, acarreará sus trapitos
y se mandará mudar, anda a saber
dónde, suele vérselas en verano
banquinas locas, de un camión
que dejó atrás varios al costado
de una ruta, ovarios al costado de
la ruta, como si la ruta fuese
un dios griego pero patas arriba
de la mesa escribo
* Marcos Peña se sentía mal. El estómago. Único miembro del cuerpo que se hace mala sangre por todo. No aceptó, motivos tenía como úlceras, el anteúltimo vaso de Mariposa, menos aún el último. Después tenía que dormir si el placard se quedaba quieto y dejaba de girar alrededor de la cama. El estómago digo, sobre la cama de Marcos Peña que se sentía mal. El Cordobés le dijo que no tomara ese anteúltimo vaso de Mariposa porque toda mariposa antes fue oruga y vi una oruga mirándome, decía. Al Cordobés le gustaba mezclar partes de canciones entre las oraciones de una charla entre amigos, pero no sé por qué el estómago del Cordobés no se hacía mala sangre por uno o dos vasos más de Mariposa. Marcos Peña también cordobés, pero de estómago otro, sintiéndose mal escribió estos renglones.
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federico iglesias