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su nombre va detrás del sonido:
cuando pronuncio la a de
arrancado a mi estómago de un tirón
me despego de sus dedos sudorosos
y la dejo sobre el cenicero / humea
antes que la invada una apagación de silencio
como el eco de su nombre acá nomás
parece meditar una tregua
(pero y aunque)
apunta su sed de pólvora y me tienta
tanto que me cuesta escribir
“escribir cuesta me que tanto”
así durante un rato / mas daca que toma
tironeo, tironeo, tironeo, tironeo
hasta que tironeo pierde
sentido y se vacía
puertas afuera de la palabra “después”
las balas se acaban / sobre la mesa queda
solo un susurro de garúa persistente
después que me cuelgo de no sé y des-espero.
imposibles de apagarse, dos ojos
y una duda péndula dura poco
levanta la cabeza, balbucea y baldosas flojas
se cruzan van y vienen
a tener en cuenta por ejemplo
no solo los ojos
en susurros de bicicleta a media noche
cuando el paso que viene por la vereda
la ventana enmudece
un cachito mas abajo, ese farol
proyecta sus sombras sobre
la pared que lo contiene
ayer una sombra y anteayer
otra / los ayeres sombríos forman un túnel
al costado de la noche, la entrada
custodiada por dos buhos
ante el paso de una procesión y sobre los hombros
las trompetas vacías,
transeúntes a paso de tijera / nubes con manchas de té
días charcos / aunque duerma hermosa como siempre
que su calor inunda
la almohada digamos por el cuello
federico iglesias
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