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el reloj marca las 6:27 de un día ventilador
y espiral toda la noche, pero ya lo último
porque las cenizas ahora forman otro
espiral gris sobre un plato de loza
ahí nomás el ventilador digo / gira
parecido a un hélice que se brisa de vientito
pero afuera, quizás trece o catorce minutos
antes todavía, el patio teñido de azul aplasta
las bicicletas contra el blanco del paredón
sin que a la ventana le importe siquiera en sus marcos
el patio todavía de noche afuera,
constelado bajo
el cielo como hacía toda la noche.
el cielo como hacía toda la noche.
Y la habitación
ventana y todo, de lamparita encendida, perdón
las seis y veintisiete son apenas unos minutos
en puñados, como cuchillos de tiempo
clavados en la pared cada sesenta segundos
y ni noticias, oriente no asoma detrás
del paredón blanco del patio, tampoco
en el kiosco de diarios habían apagado
los tubos y las luces de la avenida lucían en fila
como hacía toda la noche. La habitación digo
negándose el día, indiferente, la ventana digo
no es ajena a ese patio dentro de unas horas
cuando el calor de la siesta
pero el reloj marca las 6:27 y oriente no asoma
detrás del paredón blanco del patio, un perro
con ladrido de estrellas en el hocico.
federico iglesias
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ventana y todo, de lamparita encendida, perdón
las seis y veintisiete son apenas unos minutos
en puñados, como cuchillos de tiempo
clavados en la pared cada sesenta segundos
y ni noticias, oriente no asoma detrás
del paredón blanco del patio, tampoco
en el kiosco de diarios habían apagado
los tubos y las luces de la avenida lucían en fila
como hacía toda la noche. La habitación digo
negándose el día, indiferente, la ventana digo
no es ajena a ese patio dentro de unas horas
cuando el calor de la siesta
pero el reloj marca las 6:27 y oriente no asoma
detrás del paredón blanco del patio, un perro
con ladrido de estrellas en el hocico.
federico iglesias
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