de aquel lado puro matorral hasta donde llega la vista
un alambrado infinito
de allá un cauce seco y pedregoso
serpentea perdiéndose en dirección del sol
es decir al oeste la sombra perpendicular
el recurso del agua para bordear y seguir
una excusa para no volver atrás
el final abrupto del camino precipitado
un puente que no me separa de nada
las plantas florecen con semillas propias
el resto es un caos regulado por instinto
una melodía escuchada por nadie
un cigarro y mirar alrededor
otra excusa por la que se filtra una búsqueda angustiosa
el albedrío como parte de una elaboración
inventada para una realidad que se ofrece en otro tono
los ojos en la nada lejana y anaranjada que transcurre
o mejor dicho una sucesión de ciclos diurnos y nocturnos
que se proyecta en el tono de la luz solar
una presencia imperceptible en los intersticios
del sobretecho del iglú agitado por el viento
esa precisión que adquieren las revelaciones
una sensación repetida de abrazo
por la espalda
a esa hora sin tiempo en la que se convierte la noche
federico iglesias