.

.
.

para contribuir a la confusión general...

.
a Aldo Pellegrini

cómo es que una puerta se cierra de un portazo
cómo es que una puerta cerrada abre al encierro
cómo es que el encierro se cierra para escapar
cómo es que se escapa de un futuro que es puerta
cómo es que una puerta se cierra a modo de futuro
cómo es que el futuro parecen muchas puertas colgadas
cómo es que colgarse de una puerta cerrada no trae al futuro
cómo es que me atrae la nada representada en palabras
cómo es que mil palabras pueden representar la nada
cómo es que nada un pez entre las palabras que lo nombran
cómo es que nombran los hombres la nada que los habita
cómo es que habitan los hombres el futuro
cómo es que el futuro deja de serlo para ser hoy
cómo es que es el hoy que escribo a modo de ayer, de mañana
cómo es que la mañana me pasa por arriba, sin verme la cara
cómo es que mi cara dice lo que soy, quién soy o no
cómo es que no soy el que soy y viceversa

así se saca las miserias que le ensucian el día
la ducha que reconforta y abre los poros cotidianos
la puerta que se cierra da a la habitación contigua

allí descansa duerme trabaja se olvida recuerda siente
una mano que le inventa el cuerpo, otra que también
tiene certezas que le atraviesan como surcos

cómo es que los surcos atraviesan certezas
cómo es que las certezas son surcos que deja la vida
cómo es que la vida no deja vivir sin certezas
cómo es que la duda parte al medio y es punto de partida
cómo es que se pierde una partida y no la batalla
cómo es que una batalla no es la guerra
cómo es que una guerra se libra en tus narices
cómo es que tus narices no huelen a su alrededor
cómo es que ese alrededor se camufle o simule, depende
cómo es que depende el planeta de un puñados de garcas
cómo es que se empuñe una idea, un fusil, la palabra
cómo es que una puerta cerrada puede abrirse y viceversa
cómo es que un viceversa cabe tres veces en un poema
cómo es que un poema nunca es sino que se produce
cómo es que se produce la materia prima de un poema
cómo es que la materia prime sobre la idea
cómo es que escribo sin saber que escribo para qué

.

federico iglesias
.
.
.

Epílogo


“las invenciones de lo desconocido reclaman formas nuevas"

Frente al pánico de la hoja en blanco uno se pone a pensar y mientras fuma busca no un atajo sino el indicio detrás del que se abre un camino, un tallo común de dónde salen otros que, a su vez, se subdividen en otros, y así indefinidamente, algunos entremezclados, en direcciones opuestas, otros se acaban bruscos, otros ni se intuyen, pero todos y otros forman parte del racimo, y cuelgan en cierto sentido de la hoja en blanco, por eso lo del pánico tenga cierto asidero no tan lógico como parece. Escribir es encontrar la punta de la madeja y tirar con cuidado. Pueden pedirme que me calle cuando lo que tengo que ofrecer es poco más que nada, cuando sientan que las palabras no provienen del diálogo sino que se inventaron en la boca de quien escribe. El primer párrafo es ese impulso en el que definir los objetos cuesta pánico y es necesario entonces un par (por lo menos un par) de certezas de las que aferrarse fuerte para el embate inicial. Primera certeza: somos cuerpo y palabras, sociedad y frases, universo y textos. Pero también las palabras que no pensamos, las frases que no decimos, los textos que no leímos. El universo que no conocemos, la sociedad que queremos cambiar y el cuerpo que duele. ¿Para qué escribir? ¿Escribir para quién? Frente al espectáculo de la devastación hay que estar con el fusil en la conciencia, en cada página. Lejos de los concursos o concursis, fuera del ritual de las letras, estos renglones se abren paso en la hoja en blanco. Segunda certeza: escribo para otro. Incluso cuando, como ahora por ejemplo, escribo por el gusto de ver crecer las oraciones. Ese otro bien puedo ser yo cuando me vuelvo para adentro, pero eso no importa, u otro indefinido, nebuloso, que se dibuja apenas en la imaginación. Puede también que jamás sepa quién es ese otro que está ahora frente a este final de primer párrafo leyendo estas líneas, quién sabe cuándo y en qué circunstancias, si es que este final de primer párrafo tiene esa especie de suerte en sentido cualitativo que significa encontrar un lector.




El editor.
.
.