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en la brecha

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dónde vas a buscar qué
¿cuál es la urgencia de esgrimir una palabra?
la necesidad y la libertad nunca se llevaron bien
y qué hacemos con la moral
esa que te inyectan desde la cuna
no hablo del dinero se entiende, no es cómodo
¿un grito contenido? la voz que se amontona en la garganta
pues no hablo sino escribo
tampoco del dinero se entiende
o no depende de mí esto
aferrarse a una carencia, de mástil o banderas
al viento, solo le importan las hojas
y las caricias que sopla
tan parecidas a su ángel desafiante
así espera que pare de llover
sin embargo no hay con que darle, ella dicta
agazapada en la nuca, susurra
no el mío, desconfío de los arcángeles
la jerarquía celestial me tiene sin cuidado
o estas líneas dicen lo contrario
voy y vengo, ir y venir, mundo mampostería
prefiero el malbec
pero el cartón no es irreal, o lo es tanto
como mis huesos y este
armazón que me sustenta en el espacio
organizarse: esa es la palabra, y no sólo
si ahora sonaran campanas, miedo a la mediocridad
pensaría que todo es una fábula
a lo sumo el repiqueteo de un teclado
el enter abrupto me llama al silencio
no le hagas caso, es saludable desobedecer
va más allá de los límites que le impone la teoría del signo
que alcance hasta los pulmones
esta intermitencia que me permite
hondo, como un coro de fondo
no solo personal, es decir, la vida cotidiana como enfoque
no solo de la historia, historiográfico
no solo el día a día en la acción pura y material
no solo una estructura que aceita engranajes
no solo el desvío, la vida por etapas
de dónde te escapas, o eso crees como el preso
que anhela la fuga mientras cava con la cucharita
di la vuelta por acá y allá, eran dos manos que
gesticulan las palmas cóncavas, se mueven
forman circunferencias, asomarse a la palestra
los dictados de la razón, argumentaciones y risitas
en tazas de café, ya viene a leernos su vida
encerrado no se aguanta el tic tac del cotidiano
la ronda de cerebros al unísono sin
la recompensa del cuerpo, esa incompatibilidad de origen
en la urgencia late una dimensión vivencial, palpar
la experiencia sin mundo hay locura
un debate entre esa locura y la investigación científica
hete aquí en una intersección nunca imprevista
así llegué caminando a estas palabras

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federico iglesias

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Epílogo


“las invenciones de lo desconocido reclaman formas nuevas"

Frente al pánico de la hoja en blanco uno se pone a pensar y mientras fuma busca no un atajo sino el indicio detrás del que se abre un camino, un tallo común de dónde salen otros que, a su vez, se subdividen en otros, y así indefinidamente, algunos entremezclados, en direcciones opuestas, otros se acaban bruscos, otros ni se intuyen, pero todos y otros forman parte del racimo, y cuelgan en cierto sentido de la hoja en blanco, por eso lo del pánico tenga cierto asidero no tan lógico como parece. Escribir es encontrar la punta de la madeja y tirar con cuidado. Pueden pedirme que me calle cuando lo que tengo que ofrecer es poco más que nada, cuando sientan que las palabras no provienen del diálogo sino que se inventaron en la boca de quien escribe. El primer párrafo es ese impulso en el que definir los objetos cuesta pánico y es necesario entonces un par (por lo menos un par) de certezas de las que aferrarse fuerte para el embate inicial. Primera certeza: somos cuerpo y palabras, sociedad y frases, universo y textos. Pero también las palabras que no pensamos, las frases que no decimos, los textos que no leímos. El universo que no conocemos, la sociedad que queremos cambiar y el cuerpo que duele. ¿Para qué escribir? ¿Escribir para quién? Frente al espectáculo de la devastación hay que estar con el fusil en la conciencia, en cada página. Lejos de los concursos o concursis, fuera del ritual de las letras, estos renglones se abren paso en la hoja en blanco. Segunda certeza: escribo para otro. Incluso cuando, como ahora por ejemplo, escribo por el gusto de ver crecer las oraciones. Ese otro bien puedo ser yo cuando me vuelvo para adentro, pero eso no importa, u otro indefinido, nebuloso, que se dibuja apenas en la imaginación. Puede también que jamás sepa quién es ese otro que está ahora frente a este final de primer párrafo leyendo estas líneas, quién sabe cuándo y en qué circunstancias, si es que este final de primer párrafo tiene esa especie de suerte en sentido cualitativo que significa encontrar un lector.




El editor.
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