al término de una jornada elástica
donde ayer
se volcó el mate.
(no obstante la vereda
baldosas de obstáculos
la locura es un atajo a la verdad)
no hay más remedio que
detenerme
antes de cruzar la calle
el semáforo no perdona
cada coche que pasa
es un deje de avenida
embotellada, le digo al pibe
del secador cargado
por atrás de la tarde
el día se quema
meto
la nariz
entre las brasas, huelo
el fuego de mi nariz
quemándose
un
derrumbe, bombas
en
batalla al silencio
tus ojos arden futuro en pañales
en él
umbral-de-un-parto-hacia-los-tres
en el atajo vereda verde de vos
tres piedrazos
en busca de
parirse el fuego
cuenta la vida
una vez
dos miradas se encontraron
la madrugada
de la
jornada elástica
en la que
un rayo de
aguayo me envolvió
telas de viajar y buscar
amor,
(el mar se detuvo un ratito)
y un camión que pasó cerca
convirtió
una vereda nocturna en una
banquina de encuentros
enciendo un pucho
de cigarro y el encendedor
me convida un fogonazo
de bandoneones al ataque
¿cuánto vale un boleto de colectivo?
ochenta centavos una orquesta
de ceniza humea
arriba de la mesa
en diagonal a mi saco
que llevo
puesto hay un chaleco
antibalas
que lleva puesto
a un policía federal
—¿escucha los bandoneones?
le pregunto
me responde
su bigote reglamentario
humea una orquesta
de sirenas a balazos
—¿escucha los bandoneones?
le pregunto
pasa el auto
de la vecina custodiado
por el
vigilancia
mientras mi perro
muerde sueños
con los ojos
entreabiertos
el rumor del barullo
urbano pasea en
viento
un saco de lana y un
chaleco antibalas
cruzan
la vereda, pisan
baldosas de ruido
trancos longitudinales
latitud sonora
a martillazos
y tu panza
nueve meses
al sol entre pájaros
pasa un camión
de ruido despacio
por
la calle de tierra
fértil y piedras y pozos
y zanjas
que la custodian
a la noche dentro
de la casa
la cuna
en el
dormitorio
espera
la panza
el aumento
de la carne y el precio
de la leche posan
su materialidad cotidiana
en los pasillos de la maternidad
arriba de un rato
espero
una luz del semáforo
para saltar
desde el acantilado
a la senda peatonal
a los seis años
una camioneta
me atropella
la infancia
y me postiza
los dientes.
federico iglesias
otoño 2002